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abril, 2007

Salón de Cómic de Barcelona, y llegó el infierno

El sábado por la mañana me desperté con una resaca del quince y ampollas. Algunos malavideros deben de tener metida en el culo una batería de litio porque no paran, se ponen hasta el ojete, madrugan, se van a pasear al puerto y están tan campantes. No es mi caso, que soy más de pilas del tacién, y después de dos días de trajín, arriba y abajo, desgreñada, con las allstar falsas, los pies recocidos y el calambre del dedo gordo, estoy para los tigres. Y encima a madrugar.

Al ver la cola que había el sábado para sacar entradas para el Salón me dio un pasmo. Primero pensé en la que nos esperaba y luego en que la gente era idiota, los organizadores unos listos y el marketing lo más grande. Cientos de personas pagando la entrada a un sitio para seguir comprando dentro.

Cuando logré llegar al stand, los incombustibles malavideros me dijeron que Mar había venido a buscarme. Otra que chupa baterías o algo. Aunque Mar estaba pendiente del horario de firmas de Alex Robinson -a los entrecomiqueros les encantan las firmas de autores-, al verme en tan deplorable estado, me acompañó a tomar un café. Estábamos hablando de tetas, que si las dibujo pellejeras, que si las tetonas esto y lo otro, mientras la miraba de reojo preguntándome si las suyas serían de verdad o de palo como las mías. EmeA, que tampoco quitaba ojo, fue testigo de la prueba definitiva. Que lo cuente él. Os lo contaría yo, pero una es una señorita con principios. Mar, digo. Con esto de las tetas se deben desprender muchas feromonas de esas, así que apareció también Álvaro Pons con quien estuvimos departiendo sobre temas de vital importancia para el mundo del tebeo como si parece más viejo en las fotos, que lo parece, o lo mucho que comen los gatos, que no lo sé porque lo único que tengo en relación con ellos es alergia. Que no se diga que no hay nivel en el Salón de Cómic de Barcelona. Otra conversación de alto copete fue la que mantuvimos con el Señor Gato cuando se acercó al stand a saludar. ¿Para qué comentar la psicología subyacente en From Hell o la sexualidad reprimida en Blankets? ¡Si son pajillerías de las que ya se ha hablado mil veces! Mucho mejor hacerle notar lo guapo que es en persona, lo joven, ¡y lo bien acompañado que iba!

Saludamos también a Victor de la Fuente, que nos recordaba de la noche anterior. Como para olvidarnos después de los besuqueos, los brindis y la jarana. Dionisio es muy fans de Victor de la Fuente y hasta conocía detalles que el propio Víctor no recordaba. Menudo freak. Dionisio dice que es su dibujante preferido de siempre, de toda la vida, por encima incluso de Richard Corben. Pamplinas. Que se prepare Corben si viene algún día al Salón, que le va a salir un hijo barbudo y crecidito. La cosa es que cada vez que Dionisio desaparecía sabíamos que estaba dándole la turra a Víctor de la Fuente.

El salón para los que llegamos el jueves terminó por fin, y quedó un reemplazo de malavideros lozanos y en casi pleno uso de sus facultades que terminaron de vender el domingo absolutamente todo lo que habíamos llevado. En el viaje de vuelta descubrimos que Dionisio, sabrá mucho de cómic del año del pedo, pero de noche ve menos que pepeleches, y entre eufóricos y derrengados, estuvimos hablando de Lando Buzzanca y cantando Santamaría, cuando serás mía.

En fin, que gracias por todo. Estoy deseando veros otra vez.

¡Buen día a todos!

Salón de Cómic de Barcelona, en tu fiesta me colé

-¡Yo quiero esta habitación! ¡Para mí esta habitación! ¡Mataré por esta habitación! -se me ocurrió decir el jueves nada más llegar a los apartamentos. El viernes por la mañana descubrí que soy como Paco Martinez Soria en La ciudad no es para mí. Una moderna de quiero y no puedo. Veo una habitación molona con baño incluido rollo loft sin puertas y me lanzo. Después resulta que es el único baño -a compartir- de la casa, que la ducha es un agujero, muy cool, pero un agujero en medio de la habitación, que no tiene cortinas ni mampara, ni bombilla, que no se ve ni pa jurar y que el agua salpica hasta la cama. En fin, menudo ojo.

El viernes se notó el aumento de visitantes en el Salón. Sobre todo en nuestro stand, en el que habíamos colgado un cartel de Se permite fumar y cagarse en dios. No sabemos a qué venía más la gente, si a fumar o a cagarse en dios, pero de paso se llevaban algún tebeo. Desde Sevilla venían Candela y su madre, que traía unas ganas locas de echarse un cigarrito y la charrada pertinente. Candela tiene diez años y es fans de El Jueves. Bueno, de lo que queda después de que su madre censure la revista a golpe de tijera. Coincidió que, en ese momento, estaba Azagra en el stand y a la niña le entró una vergüenza tremenda cuando supo que dibujaba en El Jueves.

-¡Cómo son los críos! -pensaba mientras me ponía a la fila de David Rubín a que me firmara El circo del desaliento. Me gusta mucho como narra, como dibuja y lloro con la mitad de sus historias. Con la otra mitad aguanto a duras penas. En definitiva, soy muy fans. Decidí decirle algo ingenioso para caerle bien, sin parecer una fans desquiciada como en mis tiempos de los New Kids on the Block. Qué tiempos. Como todo lo que se me ocurría era de fans desquiciada, decidí decir algo inteligente para dar una imagen de comiquera culta. Conforme iba avanzando la fila no se me ocurría nada inteligente ni ingenioso. Entonces se me agarrotó el dedo gordo del pie. Empecé a balancearme adelante y atrás en la fila, fingiendo que me asomaba a ver qué dibujaba a los demás. Ay, que me tocaba. Un dolor, unos nervios, una chicharrina… Concentrada en extender mi dedo gordo no dije ni pamplona, así que Rubín sigue sin saber la fans tan poco desquiciada, tan ingeniosa y tan culta que tiene.

Aproveché después, una vez recuperada la movilidad de mi dedo gordo, para hablar con los editores de Bang, que siempre nos tratan fenomenal. Yo quiero que me adopte Masa (creo que se llama así el editor) para leer tebeos de gorra, sobre todo ahora que está al caer Por encima de las nubes, de Jordan Crane. ¡Masa, adóptame! Esteban Hernandez, un tipo encantador al que luego espantaron el resto de malavideros (malditos), me firmó su Culpable. No sé cómo pueden mantener la calma y marcarse esos dibujos mientras los miramos como mochuelos desde el otro lado de la mesa. Qué profesionalidad.

Por la noche, en la fiesta de entrega de premios nos lo pasamos en grande. Yo me sentía como en la gala de los Oscars pero sin reconocer a nadie. Como marca la etiqueta malavidera acudimos en chancletas y zapatillas. Kalitos aportó la nota de glamour llevando un chandal de tergal. Comimos y bebimos gratis, y jaleamos como berracos desde la primera fila a todos los nominados y ganadores. A lo mejor, hasta nos pasamos. Naaaaa. El premio al mejor fanzine se lo llevó el estupendo Barsowia, y el premio popular, Gutter. Aproveché el anonimato de la masa para llamar guapo a Rubín. ¿Desquiciada yo? La Juana se animó y pidió que se desabrochara (más) la camisa.

Nuestro amigo Bernal recibió el premio popular a autor revelación para sorpresa de muchos (o eso dijeron los presentadores que ya se podían haber ahorrado la coletilla). Cuando Berni subió a por el premio estába lívido y con más careto de tener que pagar el convite de todos que de haber ganado un premio. Más tarde subió el Conseller a decir unas palabras y nadie le prestó atención, pero a nosotros se nos notó más. Esto no le sentó demasiado bien a Santamaría (cuando serás mía), director de Ficomic, y nos comentó en un apartado que estaba molesto con nosotros (o algo así). Se produjo entonces una situación bennyhilliana con Kalitos confundiendo a Santamaría (cuando serás mía) con un atractivo traductor a quién fue a explicarle que malavida essstamosss muy contentossss dessstar aquí, mientras el otro le contestaba que a él qué le importaba. Un despropósito.

Cuando la fiesta parecía que no podía dar más de sí, aún estuvimos besuqueando a Víctor de la Fuente y brindando con su esposa, Elena, por el futuro del cómic. Graciela, una mujer guapísima de la organización de Ficomic, nos llenó de abrazos y de fotos. Después nos despedimos y seguimos de fiesta en el Prize con Bellvi y Juani, Luis Durán, Peluki, Tamayo y con el incombustible Javi Metal.

Luego más. ¡¡Buen día a todos!!

Salón de Cómic de Barcelona, jueves de birras y telarañas

¡Qué bien lo pasemos, como nos reímos y cuanta gente vimos!

El jueves tempranico, a las seis de la mañana, con legañas en los ojos y el frío metido en el cuerpo salimos de Zaragoza rumbo a Barcelona en un Seat Panda amarillo cargado hasta las trancas. Menudo madrugón. No era justo. Al salir de mi casa aún había jovenzanas de farra por la calle o tal vez fueran prostitutas. En mi barrio nunca se sabe. Cuando llegamos a la Fira, vimos que repetían muchos de los empleados del año pasado, como el puerta anónimo que siempre nos compra las novedades y nunca me acuerdo de su nombre (Oriol, leñe, se llama Oriol), Celia, o Iria, una pelirroja cañón y nuestra mayor fans, que se vino de cañas con nosotros y hasta nos proporcionó material de contrabando. ¡Mil gracias porque nos ha venido de escándalo para el día del Libro!

Nuestro stand estaba situado enfrente del de Spiderman 3. ¡Ey qué guay, el trailer de Spiderman 3! ¡Atiendeeee, que lo ponen otra vez! ¡Y otra! ¡Y veinte! ¡Y doscientas! ¡Y mecagoensusmuertosacaballo! Y es que, salvo a la hora de comer, repetían constantemente el dichoso trailer. Un trailer de esos que en dos minutos cuenta la película de pe a pa. Con una musiqueta cansina que no olvidaré mientras viva: chaaaaaaaaaaaaaaaaná chuuuun chaaaaaaaaaaaaaná chuuuuuuuuuuun. A mi entender, la peli se podría resumir así: Spiderman se vuelve idiota (más de lo que era) cuando un montón de chapapote que no hay dios que se quite, le cae encima del traje. También sale un pescatero. Y se pegan. Fin. A las ocho horas ya estábamos del chaaaaaaaaná chuuuun, del alquitrán, del pescatero y de la madre que parió a Sam Raimi hasta las narices.

El jueves y el viernes son los días más tranquilos del Salón de Barcelona. Se vende bien, se puede respirar en el recinto, no sudas la gota gorda y además se puede charlar con cualquiera que se acerque, como EmeA, de Adlo, siempre yendo a y viniendo de buscar mujeres, menudo crápula. Otro que no se pierde una es Javi Metal, el mejor caricaturista de España cuando va sereno y el segundo mejor cuando va borracho. Estuvo con nosotros, haciendo caricaturas a quienes nos compraban tebeos y contando, con voz de carraca, unas historias que, de año en año, van adquiriendo proporciones épicas y que a este paso serán objeto de un álbum en un futuro venidero.
También apareció el guapo mozo gafapasta, a quien conseguí desnudar el año pasado. Venía con la foto que le hicimos la vez anterior, impresa, para que la firmáramos. Menudo alegrón verlo allí. Lo que él no sabía era que le habíamos sacado en el Malavida 13. 5000 ejemplares con su foto empelotao. Este año repitió estriptís y estaba en mucha mejor forma. Como el año próximo venga otra vez, creo que no voy a poder resistirme a sus encantos gafapastiles.

Seguro que pasaron muchas cosas ese día más pero como íbamos borrachos no nos acordamos. Menudo negocio hizo el paki con nosotros y qué gran invento el pozal con hielo para meter las birricas. Y eso que sólo era jueves y aún tenían que aparecer por el stand Latro, Mortadelón, Chacal (groaaaaaaaarrrr), Franchu, Aza, Xavifi, el gran Fresus y la morenica de las rastas, Malagón, Mel, Mar y su infartantes tetazas, el Titi y un montón de fans del metaaaaaaaaaaaaaaaaaal.
Luego más. ¡Buen día a todos!

¡A Barcelona!

Todos los que paséis por el stand de Malavida seréis bien recibidos. ¡Hasta el domingo, amigos!

Verano rumboso

Desde que mi amigo vírico me prestó ayuda con la operación verano rumboso, sacando todo lo bueno y malo que tenía dentro y dejándome para los tigres, me veo algo más esbelta. Así que mi nuevo objetivo es levantar el mercado de la lechuga romana y hundir el del maléfico cruasán. Mientras pueda.

Las acuarelas son pura ciencia esotérica; necesitan de infinita paciencia y del pulso de otra persona que no sea yo. En esta primera acuarela, entre mis tembladeras, que empuño el pincel como un taladro percutor y que despellejo el papel de mala manera, me ha quedado una jeta entre Koolau el leproso y Zaplana. En fin, un sindiós. ¡Bendito Photoshop!

¡Buen día a todos!

Las chicas gordas (II)

Los 14 eurazos de Corazones Rollizos me han dejado un sabor agridulce. La parte gráfica ha gustado mucho, la narrativa no desmerece, pero el fondo que subyace en el cómic es insulso e inconsistente. Se trata, en definitiva, de pagar 14 euros por un cómic precioso en el que se cuentan una sarta de chorradas y absurdeces. El dibujo de Krassinsky y el color de Claire Champion, sobre todo el trabajo de ésta última, me decidieron a abandonar a los chiquillos de Paracuellos. Bueno, eso y que pretendía ir a distintos Carr*foures a ver si encontraba Todo Paracuellos a diez euros.

En mala hora. Primero porque las grandes superficies caen allá donde cristo perdió el chanclo y hacía un tiempo de mil demonios, y, en segundo lugar, porque todos los ejemplares estaban sobreetiquetados al maldito precio de 17 euros. Precio razonable que no evita que te sientas más gilipollas de lo normal sabiendo que hay afortunados que aún lo encuentran baratico.

La elección de Corazones Rollizos fue desafortunada porque aunque el dibujo y el color hagan el cómic muy apetecible, las historias son flojas, superficiales, y predecibles. El cómic cuenta historias de cinco mujeres ¿gordas? (¿están realmente gordas? ¿qué opináis?) que no se gustan ni una poquita, se rodean de gente que no las valora, y suspiran por hombres que las desprecian. Acerca de la gordura podemos albergar distintas opiniones, lo que no cabe duda es que estas cinco mujeres son muy tontas. Los hombres de Corazones Rollizos tampoco se salvan y son una panda de estúpidos representantes de los clásicos tópicos machistas.

Estas son las cinco chicas “gordas” y sus respectivas historias. Los que pretendáis haceros con el tebeo no sigáis leyendo.

En vikingo quiere, vikingo toma, un par de publicistas van a Islandia para rodar un anuncio y traen con ellos aviesas intenciones mojatorias. Pronto descubren que las atractivas islandesas son chicas difíciles. Pero como en época de guerra todo agujero es trinchera terminan encamaos, para ulterior escarnio, con Ggrururur (o algo así), una gruesa chica islandesa con ortodoncia y sobacos peludos.

En Chica sexy, una chica regordeta se obsesiona con un mozo que la planta por gorda. Ahí debería quedar la historia, ¿verdad?. Pues no. Después de acosar al tipo por la calle, en bares, restaurantes y cines, le provoca un accidente que lo deja escayolado ¿totalmente? ¿Totalmente? ¡No! Sus genitales resisten al invasor. La chica acude varios días al hospital y, como colofón a su venganza, por si el accidente no bastaba, se pone un guante de fregar y le zumba la sardina mientras recita poesía. Cuando él le pregunta si volverá al día siguiente ella le dice que no. Ante todo dignidad.

En Manzana Gorda, la historia más lograda, Manzanita aguanta estoicamente las humillaciones de su mejor amiga, que cada dos por tres le recuerda que está gorda. Pero Manzanita, tras una amistad de veinte años, que ya son ganas, decide mandarla al cuerno e irse a vivir a la Gran Manzana.

En Luigi, un italiano tarado envía misivas de amor a todas las Patricias de Francia, buscando a una concreta que conoció hace años. La hermana de esa tal Patricia, una niña gorda, con una sesera de poco gramaje, que no se parece a su hermana ni en el blanco de los ojos, recibe la carta y acude a Milán hacerse pasar por su hermana en una historia que no tiene ni pies ni cabeza.

En Sandy, Rosemary, una rubia voraz zampadora de pastelitos y golosinas, se acuesta con Nicholas siempre que a éste lo abandona su novia, de nombre Sandy. Rosemary no le gusta a Nicholas, ni se gusta a sí misma y se tortura en el gimnasio para después ponerse como la moñoños de nuevo. Finalmente, Rosemary engendra una hija de Nicholas a la que bautiza como Sandy y encima no se lo dice a él, en un alarde de venganza sin límites.
En fin, qué malas son, qué malas son.

¡Buen día a todos!

Chasin´rainbows

¿Os ha ocurrido alguna vez que una semana que pintaba de mierda al final resultase cojonuda?

Bajo un cielo ominoso y una desquiciante lluvia, empapada, chapoteando por media ciudad y con cada vez menos ropa limpia en el armario, la semana no ha podido ser mejor. Cazando arcoiris en compañía de Robert Crumb y los Cheap Suit Serenaders. Someday you’ll find the end of my rainbow and maybe you’ll find a little pot of gold…

La pregunta es qué cojones han estado haciendo esta semana los enanitos que friegan los platos y si piensan volver alguna vez.

Versión de Chasin´rainbows de la Double Decker Stringband, parecida a la de los Cheap Suit Serenaders grabada por un fan/feligrés con pulso firme (a ratos) en la iglesia presbiteriana de Rockville. Ahí es nada.

¡Buen día a todos!

Las chicas gordas (I)

Vaya por delante que no tengo nada contra los gordos. Tampoco a favor. Lo mismo me ocurre con los altos y los bajos. Que me dan igual. Más allá del adjetivo no veo la relevancia de ser tal o cual cosa. No creo que los gordos sean más salerosos que los delgados (¡venga ya!), ni que los gafotas sean más listos (¡anda hombre!), ni las rubias más tontas (¡en todo caso las tetonas!). Dudo que las gorduras o flacuras lleven aparejado un caracter alegre o lúgubre. No faltaría otra cosa. O tal vez me equivoco y la señora obesa, uniceja y malhumorada que, bufando como un toro de lidia, me aplastó en el autobús para hacerse con un sitio vacío, me estuviese gastando una divertida broma.

Había leído en la tontosfera una reseña sobre un cómic de gordas. Tenía curiosidad por leerlo. ¿Cómo habría tratado el tema el autor? ¿Estaría lleno de estereotipos? Creía recordar que se llamaba Las chicas gordas. O Las mujeres gordas. De Dolmen o de Dibbuks. Con estos datos era pan comido encontrarlo.

Aparte de no retener correctamente ni un título, soy una pésima buscadora de tebeos. Me muevo como un pato mareado por las estanterías de las tiendas durante horas, como si buscase el Santo Grial en viñetas, incapaz de prestar atención a las minúsculas letras de los lomos de los cómics. Todo esto, por supuesto, sin encontrar una mierda. Cuando transcurre un tiempo prudencial, me dirijo con mucha dignidad y compostura al librero y pregunto algo tan inteligente como:
-Por favor, ¿el último de… Flash?

El librero de turno alza una ceja pensando que soy idiota y responde:
-Ahí, en el montón de Flash. Y señala con el dedo un lugar difuso en la estantería.

Como si no fuera eso lo que llevo buscando tanto rato. Y es entonces cuando empieza el espectáculo.

-¿Aquí? -pregunto ubicándome donde he creído ver que apuntaba su dedo.

-No, más a la izquierda.
-No, más arriba.
-Más abajo.

En fin, que admiro mucho a los comiqueros que se desenvuelven por las tiendas como si hubiesen nacido allí, y encuentran increíbles chollos y números que se creían extinguidos en nuestros días.

Pregunté a mi librero por el comic Las chicas gordas, de Dolmen.

-¿El de Corazones Rollizos, de Glénat?

Por suerte para él y por desgracia para mí, el librero es jovenzano y avispado. Corazones Rollizos, de Glenat. 14 eurazos.
Tras dudar un buen rato entre Todo Paracuellos y Corazones Rollizos, me llevé el cómic de las gordas. Mala elección. Tenía que haber optado por Paracuellos, que de momento ningún niño con ojos saltones y pelo de fraile me ha arrollado en el autobús.
Historias sin sustancia, poco femeninas y contadas por un hombre que cree que es el colmo de la venganza hacerle una paja con un guante de fregar al tío que te ha ignorado. Chicas gordas, cosificadas, despreciadas, acomplejadas, que finalmente se rebelan en finales predecibles y poco creíbles. Da para mucho más, pero ya está bien de rollo por hoy. Mañana más.

¡Buen día a todos!

El Ríchal, soltero, metalero y pichafloja

Ya tenemos en nuestras manos el nuevo álbum de Malavida: “El Ríchal, soltero y metalero”, realizado a pachas por XCAR (guión y monigotes) y REVUELTA (coloricos). El Ríchal es la historia de un hombre que no existe… y blablablablabla.

XCar es un tipejo temible con un boli en la mano. Digo temible porque nos ha retratado sin piedad docenas de veces en manteles, servilletas y papeles murriosos: el Líder y su diente, el mal humor de Bernal, la omnivisión del Chefo, mis orejas (¿qué cojones les pasa a mis orejas?)… Que es un cabrón el tío, vaya.


(Este dibujo es del día que nos conocimos y aún no me había encontrado parecido con los moñacos de Carlos Giménez)

Pero es un cabrón que dibuja bien, domina el trazo, las expresiones y además es muy gracioso. Por una vez no ha utilizado su talento para hacer el mal sino para dibujar un álbum completo. De risa y de rockeros. Entre borrachera y borrachera nos contaba la idea de hacer un cómic dogma. - Si lo hace el Triers -decía – ¿por qué no yo?

Así, comenzó a dibujar sin guión, sin lápices previos, en folios normales, con un rotulador edding en la mano, una birra en la otra y con Barón Rojo a todo trapo. Y de ahí a que El Richal, soltero y metalero tomase forma, era cuestión de tiempo.

El resultado, como veréis en las páginas que voy a colgar luego, es espectacular.

Si lo hubiera hecho yo, el cómic dogma, me hubiera salido el burruño más grande jamás visto. Para muestra, una acuarela dogma perpetrada ayer por mí, mientras escuchaba folk americano y comía unos crispis. No es lo mismo, ¿verdad?

El Ríchal es un rockero de los de antes pero en ahora; un perdedor entrañable que intenta no salirse de la senda del roz, mientras se gana las lentejas como puede, se folla a una gafapasta, luce las botas del Simmons, o visita cementerios buscando inspiración. Todo esto contado con mucho humor.

Y encima salgo en portada. La Iru sale en portada. Y con tetazas. No puedo hablar mal de un cómic en el que salgo con tetazas en la portada. Lástima que la breve historia de amor entre la gafapasta y el rockero no tenga un final feliz, pero a veces las cosas son así de divertidas.

Por el edding, las birras, o la conjunción de ambas cosas, a Xcar le ha salido un tebeo inspirado, entretenido y gráficamente muy logrado, que no tiene nada que envidiar a los cómics de otros laureados dibujantes underground. Y si encima es Encarna Revuelta quien pone el color, el resultado es redondo.
Y por 6 euros de mierda, ¿quién no va a disfrutar de las desventuras de El Ríchal, soltero y metalero? Con Malavida de regalo.

¡Buen día a todos!

¿A qué estás esperando?

Menudas vacaciones pasadas por agua, amigos.

Cuando llueve, Zaragoza huele a col hervida y en los autobuses flota un tufillo a sobaco húmedo. Las visitas, aturdidas por la col, no perciben la magnificencia de El Pilar, ni las maravillas de La Seo y sus dieciséis aburridísimas capillas, ni a Fluvi, la mascota de la Expo, con lo que cunde. El palacio de La Aljafería también pierde mucho cuando el olor a col lo impregna todo. El rey Abu Ya’far Al-Muqtadir escribió unos versos muy inspirados sobre La Aljafería:

¡Oh Palacio de la Alegría!, ¡Oh Salón Dorado!
Gracias a vosotros llegué al colmo de mis deseos.
Y aunque en mi reino no tuviera otra cosa,
para mí sois todo lo que pudiera anhelar.

Seguro que ese día no olía a col.

¡Venga primavera! (Sunday Afternoons – Mutts, de Patrick McDonnell)

¡Buen día sin col a todos!