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noviembre, 2007
A propósito de Crumb
- 29 noviembre //
- Publicado en Cómics, Perdiendo el tiempo //
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Ya conté una vez cómo mentí diciendo que me gustaba mucho la obra de Robert Crumb, de quién no había oído hablar nunca y prácticamente convertí en mi padre, para impresionar a un tendero de tebeos. Que ya son ganas. Alguno pensará que tampoco hay que hacer mucho para impresionar a un tendero. Pues es verdad. Acto seguido, como lo único que conocía de Robert Crumb era su nombre y lo de “anda, Robert, como Robert Redford” no impresiona demasiado, me leí alguno de sus tebeos. ¡Menudo cabrón el tal Crumb! Ahí estaba, un tirillas gafotas, un mediamierda, con un talentazo inmenso. No soy objetiva. Todo lo que hace me gusta. Hasta cuando toca la bandurria con sus Cheap Suit Serenaders o Les primitifs du futur.
El amigo Rubén, de Little Nemo´s Kat, que aparte de un tipo bastante guapo es Doctor en tebeos, escribe unos artículos la mar de inspirados y amenos con un estilo envidiable. Todo un profesional, el tío. En esta ocasión se ha atrevido con Robert Crumb en una serie de estupendos artículos donde habla de su jipismo, su fantochismo y, cómo no, de su ombliguismo. Me han gustado tanto que no puedo sino recomendar su lectura.
Desde Getxo con amor
- 28 noviembre //
- Publicado en De salones //
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Me está costando recuperarme del Salón de Cómic de Getxo. Ya no sólo por el cansancio de estar tres días de pie berreando con voz de cazalla, sino por las pocas ganas que tengo de volver a la rutina. El cubo de hielos y cervezas ha demostrado por enésima vez su utilidad; nuestro colectivo Cinco sin sacarla y el Stupiderman 2 de Kalitos se han vendido como churros; ningún jevi se ha quedado sin su Ríchal, soltero y metalero, y le hemos visto el chiflo a Kalitos. No se puede pedir más.
En Getxo hemos encontrado muchas caras amigas, como Verónica Casas, que lleva camino de ser la próxima Victoria Francés (o mejor) y a la que sólo le falta el corpiño y sacarse las tetas; Joseba el editor de Aleta, a quien los malavideros tenemos mucho cariño, Jordi Bayarri que aguanta (sí, éste es el verbo) como un jabato nuestras payasadas, Jorge de El Faro de Leioa, que nos trajo una foto-recuerdo de su amoroso encuentro con Kalitos (pondré las fotos mañana) y nuestros compañeros Cretinos de quienes era imposible no hacerse fans (Molina, guapo ¿estás soltero y solo en la vida?). Andaban también por allí Jorge Iván, Germán y mi amiga Carmen, loca por atesorar muñequitos de Star Wars y los entrecomiqueros, que como los Dalton son de todas las alturas y todos tienen bigote, y entre ellos mi Mar, siempre solícita, que me presentó al hipnótico Carlos Vermut y al Pepo Pérez, un tipo la mar de majo al que me hubiera gustado tener de profesor de derecho administrativo y no a los tres aburridísimos loracos trajeados que se repartían la asignatura.
Lárgame un cilindrín, fotero. El viernes, de mala mañana y peor gana salimos de Zaragoza en el seat panda -o lo que sea- amarillo de Dionisio cuando aún no estaban puestas ni las calles. A mitad de camino, cuando sólo podía tirarme del coche en marcha, los malavideros me contaron que unos muchachos que estaban haciendo un documental sobre los fanzines iban a grabarnos durante todo el día haciendo lo que mejor sabemos hacer en los salones, es decir, el gañán. Y yo con estos pelos. Si hay algo que me aterroriza más que las cámaras fotográficas son las cámaras de vídeo. Ahí no hay pose, ni mueca aprendida ni “es que salgo mal en las fotos” que valgan. Lo que hay es lo que sale. Bajo la atenta mirada de la cámara descargamos el coche y montamos el chiringuito con la misma naturalidad con la que se lleva un palo metido en el culo. Pero, con el paso de las horas, viendo lo majos que eran Guillermo y Amancio, los realizadores, y sobre todo debido al efecto vigorizante de las birras, terminé disertando ante la cámara acerca de si los jubilados follan o dejan de follar y contando que para mí dibujar cómics era como hacer figuritas con mierda. O algo así.
Texas, 1978. El sábado fue un no parar de gente. Aún estaba con el donus en la boca y la primera birra mañanera cuando empezaron a llegar compradores de otros años para saludarnos y llevarse las últimas novedades. En Getxo, no nos cansamos de repetirlo, el público parece, de entrada, muy serio. Les increpas, haces cuatro bromas de regular o mal gusto, sonríen levemente (si sonríen) y se marchan impertérritos: “nonono, que sólo estamos mirando, luego volvemos”. Y es cierto, la mayoría regresan. Y no sólo vuelven un rato más tarde, sino al año siguiente y al otro. Así, Jose, Iker, Unai, Joseba, Beltza otros amigos con nombres que soy incapaz de escribir, el tipo que el año pasado se llevó seis o siete Macarias y aquel otro que tiene todas nuestras camisetas fueron desfilando el sábado y el domingo por el stand, deseándonos mucha suerte, comprando los tebeos de rigor y despidiéndose hasta el año que viene. Kalitos, cuya caracterización de samoano del año anterior fue muy celebrado, repitió dejándose pintar con rotuladores indelebles esa calva tan golosa para maldades que tiene. A la hora de comer tuvimos la suerte de coincidir con los Cretinos (ellos tuvieron menos suerte), que gracias a Kalitos, ya se pueden presentar a un Saber y Ganar con el tema de Sid Vicious. Anda que no vais a fardar contando lo que ocurrió en Texas en 1978, granujas.
Por la noche, una vez que Kalitos se hubo limpiado las barrabasadas del tozuelo, descubrimos que para cruzar el puente colgante y llegar a los bares y a la farra había que pagar. Esperamos que no tomen ejemplo en Zaragoza, que aparte de oler a col y haber paletadas de mierda en la calle, tiene puentes a rabiar y, de momento, son gratis.
Muescas en la culata. El domingo al punto de la mañana, un niño y su yayo vinieron sin vacilar hasta nuestro stand. El yayo se apartó a un lado y el chavalín vació su monedero sobre los tebeos, contó cuidadosamente las monedicas y pidió tímidamente el Stupiderman 2. Que le gustó mucho el anterior, me explicaba el yayo. Víctor Santos, muy atento, se acercó al stand no sabemos si queriendo o no, pero seguro que se arrepintió, y me firmó un tebeo encajando con una gran sonrisa todas las chanzas, chistes y achuchones de Kalitos. Mientras yo, con los ojos en blanco, tachaba mentalmente autores que ya nos conocen para próximos salones de cómic maños y rezaba para que no pasara Pepo Pérez, a quien le aguardaba una suerte parecida.
Cuando llegamos de madrugada a Zaragoza, entre los nervios, el cansancio y la euforia apenas pude dormir. Pero cuando lo conseguí lo que no podía era levantarme al día siguiente.
¡Buen día a todos!
El banyán rojo
- 20 noviembre //
- Publicado en Cómics, Perdiendo el tiempo //
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Llevo un tiempo dando vueltas a cómo escribir estas líneas. Podría pergeñar un alegato a favor del talento los autores españoles a la vista de El Banyán Rojo, o contar el drama costumbrista de una chica que vagaba por las calles grises, llenas de cacas de perro y esputos de viejos, de una ciudad gris buscando El Banyán Rojo, o simplemente decir que me ha gustado mucho El Banyán Rojo y chimpón.
Ya lo creo que me costó encontrar El Banyán Rojo, de Carlos Vermut. Me costó tanto que no lo encontré en ninguna de las tiendas de esta ciudad, a ratos tan cenicienta y anodina que parece que los hombres grises hayan hecho su agosto en ella. En las tiendas de tebeos, algunas especialmente poco surtidas, sólo hay novedades los escasos días en que son eso, novedades. Recorrí todas las librerías sin éxito, pero en la última, aparte de no encontrar el tebeo, me llevé una desagradable sorpresa. En aquella tienda, la cantidad de manga, merchandising y rol era apabullante, y el cómic español estaba relegado a un estante. Pregunté por el cómic y el dependiente, un chaval joven, confirmó que habían tenido ¡un ejemplar! y que ¡gracias a dios! lo habían vendido.
-¿Cómo que gracias a dios?
-Pues eso, que gracias a dios, porque ya me veía sin venderlo. El dibujo es muy malo. ¿Lo has visto? Cualquier manga es mejor.
-Sí, lo he visto, me gusta, y el autor ha estado nominado a nosecuantos premios- respondí malhumorada.
-Es que ahora le dan premios a cualquiera… Yo que tú no me lo compraba.-opinó con desfachatez.
Y siguió opinando. Opinaba de todo, de superhéroes, de manga, de lo poco que ganan los libreros, de que la cosa está muy malita, de que el fin editorial está cerca y de chorradas que me la traían al pairo y que sugerían que, visto el dueño de tales afirmaciones, el tebeo tenía que estar bien por cojones.
Encargué El Banyán Rojo en mi tienda habitual, en la del señor amable que te recomienda encarecidamente V de Vendetta sin saber que hace muchos años que tiene un lugar de honor en tu estantería y, cómo no, en tu baño. Cuando llegó días más tarde lo devoré. Y me gustó. Me gustó mucho ese alfarero que actúa, ignorante y hedonista, por instinto; ese Kailash vacuo, fanfarrón y vividor a quién fuerzas bellas y trágicas arrastran a un destino incierto; ese hombre atormentado, desalentado, sin alma; y esa fascinante ambientación, mezcla de cruda realidad, misticismo y magia.
Yo que tú no me lo compraba. Pues yo que tú, sí.
¡Buen día a todos!
Nominados
- 15 noviembre //
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¡Menudo sorpresón! ¡Malavida nominado a mejor fanzine en la Expocómic de Madrid!
Guardo malos y buenos recuerdos del salón de cómic madrileño. Malos como el calor asfixiante de la carpa donde estaba ubicado antes y el sudor evaporado de los que estábamos dentro de semejante invernadero cayendo nuevamente sobre nosotros. Un poco repugnante. O el desagradable incidente de los tebeos mojados aquel año que llovió a mares y me pilló echando una mano en un stand. El ambiente, como visitante ocasional, tampoco es, por decirlo vulgarmente, de mi palo. Estoy acostumbrada estar al otro lado del stand, a increpar a los visitantes, al cubo de hielo con birras menguantes, a las ferias de pueblos donde la gente bromea y te recuerda al año siguiente, a las gañanadas y a, como aquel mozo dijo en el blog de Mortadelón, “dar un espectáculo lamentable” allá donde vamos. Es así. Sin embargo, en Expocómic también he pasado muy buenos ratos con la gente de las news de cómics comiendo o sin comer en el polémico restaurante mejicano. En Expocómic también compré alborozada mi primer tebeo de la Editorial Cornoque, el único que se vendió en el salón aquel año. De esto hace tanto tiempo que todavía tiraba los malavidas a la basura después de leerlos (en el váter) y aún no conocía a los que ahora son mis amigos.
Estamos muy contentos y sorprendidos porque como fanzine nunca hemos ido a Expocómic (como dice XCar en el blog de Malavida). Podéis ver a los finalistas de las diferentes categorías y votar aquí.
¡Muchísimas gracias y buen día a todos!
Imagina…
- 12 noviembre //
- Publicado en Se me va... //
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Estaba la mar de entretenida viendo cómo ratatatatatatata “Animal” Batista, de quien soy muy fans, le daba la del pulpo al metomentodo de Jamie Noble cuando… ¡argh! anuncios. -¡Quitad las manos de encima a mis bichejos! -espetaba una niña malencarada a unos actores disfrazados de personal sanintario mientras cogía en brazos a un perro vendado, de esos que fácilmente podían llamarse Pipo, y a un gato anodino. Imagina ser veterinaria, cocinera, diseñadora o mamá, narraba una voz en off, sólo para Nintendo DS. Joer, cómo está la cosa. Ya ni astronauta, ni piloto de cazas, ni escalador de ochomiles, ni nada. Cocinera, veterinaria, madre o ¡diseñadora! De pronto supe que estaba abocada al diseño desde mi más tierna infancia porque más que cocinar calcino, soy alérgica a casi todos los bichos y también a las madres. Mientras escuchaba atónita el anuncio, me preguntaba si en el jueguecito aparecerían el habitual montón de personajillos sin gusto ni formación que opinan como el que más acerca de los diseños, o las absurdas peticiones de clientes catetos que piensan que un fondo amarillo con letras rojas es lo más grande, o si el juego incluiría como premio final la exigua nómina mensual. Afortunadamente, el juego es Imagina que eres Diseñadora… de modas. Mucho más glamouroso, lo que yo os diga.
¿Para cuando un Imagina que eres Editor de tebeos?
¡Buen día a todos!
Fulgor fatal
- 5 noviembre //
- Publicado en Se me va... //
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Leyendo tebeos de superhéroes uno enseguida se da cuenta de la cantidad de hechos planeados o fortuitos que pueden proporcionar superpoderes. La explosión de un laboratorio, la picadura de una araña, una caída tonta en un líquido radiactivo o una transfusión de sangre de un primo que pasaba por allí, pueden otorgarnos superfuerza, supervelocidad y, lo más importante, supertetas. Todo esto en la ficción, claro. En la vida real, ya te pueden inyectar litros y litros de un isótopo radiactivo que lo único que vas a conseguir es brillar en los garitos para diversión o espanto de los parroquianos y parecerte mucho más a Gusiluz que a la Hulka.
¡Buen día a todos!