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diciembre, 2007
¿A qué esperas?
- 14 diciembre //
- Publicado en De salones //
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Que sí, que empieza hoy. Y yo con estos pelos (definitivamente dejar unas tijeras a mi alcance no es buena idea), mirando el reloj como una posesa y deseando embutirme (no hay otra palabra, ya es navidad en el súper) en la camiseta de Malavida y veros a todos, conocidos y por conocer, este fin de semana.
¡Nos vemos!
Buenos y malos tipos
- 14 diciembre //
- Publicado en Se me va... //
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Esta mañana leyendo Babel, de David B., en el váter me he acordado de Dupuy. Queda poco elegante y menos gafapasta, pero ha sido así. Digo que me he acordado de Dupuy, un tipo encantador que en Avilés nos contó anécdotas de su estancia en Méjico y hasta tradujo para nosotros una de sus historietas, porque creo que David B. no me caería ni pizca de bien. Y es una pena, porque sus dibujos me gustan a rabiar. Sin embargo, los cómics de Dupuy nunca me habían llamado demasiado la atención. En Babel, David B. habla de los sueños, los recuerdos y todo lo que se le ha pasado, se le pasa y se le pasará por la cabeza. Y lo que le suele pasar por la cabeza es, por regla general, su hermano epiléptico, a quien ha dedicado seis tomos en La ascensión del Gran Mal. Anda, que si llega a ser David B. el epiléptico virgensanta se habría hartado de dibujar. ¡Lo que hubiera hecho el tío…! ¡Y lo que hubiera costado publicado por Sinsentido!
Cuando era pequeña leí en alguna parte que Enyd Blyton era una bruja de cuidado. Bueno, no decían eso literalmente, pero sí que era una persona retorcida, llena de manías, de miedos y que sólo se llevaba bien con su perro… Compleja, decían por llamarlo de alguna manera. Pero, ¿cómo podía ser así la autora de los libros de Los Cinco? Con lo enamoradísima que estaba yo del responsable Julián, con lo valientes y aventureros que eran todos, con…
Desde que leí la biografía de Enyd Blyton me fue imposible dejar de ver detrás de sus textos a una vieja avinagrada, con cara de loro, a la que sólo aguantaba su perro. Y viceversa. Después de ver los esfuerzos de Dupuy traduciendo su historieta de luchadores mejicanos, lamento haber regalado el Diario de un álbum (Dupuy y Berberian) que no pude terminar por parecerme un coñazo. Igual es que me gustan o me disgustan más los autores que sus obras. Por desgracia Santa Rita Rita Rita…
¡Buen día a todos!
Expocómic, ¡arriba los alerones!
- 8 diciembre //
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Y es que menudo tufo había en la Expocómic de Madrid. Un olor muy familiar, como de autobús maño en día de mercadillo, cambiando las marujas por frikis disfrazados, que no sé que es peor. El recinto de Expocómic, como otros años, diminuto; los pasillos, estrechos y abarrotados; la ventilación, ¿qué ventilación?; los baños, como de garito de madrugada; y una de gente hacinada allí dentro… Aunque tropezarme con Eme A y su camiseta malavidera fue una agradable sorpresa, el ambiente cargado del sábado por la mañana no invitaba a quedarse, así que enseguida cambiamos los efluvios corporales por un chuletón cojonudo en Lavapiés con los amigos de las news de cómics y demasiado vino. De vuelta por la tarde, gracias al vinate de la comida y a la compañía de los alegres muchachos de Entrecómics, el olor a sobaquina rancia de Expocómic parecía menos asqueroso. Andaba por allí El critiquitas, con ese porte y ese savuafer que solo da la nobleza o ser un bloffero de alcurnia. Pude ver (o eso creo) brevísimamente a Aza, a Diego Moreno y a Mike haciendo unos dibujos alucinantes en vivo. A mí sólo con pensar en dibujar frente al tendido me entran unas tembladeras tremendas. De nuevo no sería capaz de reconocer a Diego, y ya van…, ni a Mike. No soy yo, es el vino. Los entrecomiqueros estaban en su salsa llevándome como un dominguillo y presentándome a todo el que pillaban. Pero sólo me acuerdo del vino. Del vino y de la tradicional performance pacomartinezsoriana con Mar, que va camino de convertirse en una institución.
En el guetto (no hay otra forma de llamar el sitio dónde habían escondido a los fanzineros) estaban Nacho Galilea, los Rantifusos, y los Ojodepez, más contentos que unas pascuas con su merecido y flamante premio. Lo de flamante es un decir, porque el premio parece más un truñaco vacuno que el pretendido oso y madroño. El gran Fresús, a quien el premio ha investido de un indudable atractivo (atención, morenicas con rastas) y sabe lo que nos gusta, se pagó unas birras y nos enseñó su última barrabasada, el fanzine Adobo, de humor bestiajo y desternillante.
En fin, que llevo unos días yendo en autobús de un lado para otro y me parece estar aún en la Expocómic. Pero sin cómics, ni vino, ni performance, ni nada.
¡Buen fin de semana!
