Estás visualizando resultados de

Cajón Desastre

Morriña

Esta mañana he sentido una extraña morriña al pisar de nuevo mi vieja Facultad de Derecho. Jamás hubiera pensado que fuera a ocurrirme algo así. Primer día de clase, gente desubicada por doquier, olor a café, murmullos reverberando en las paredes… Me he visto a mí misma la primera vez que llegué, insegura, como ahora, porque hay cosas que no cambian, las uñas pintadas de negro, botines de bruja, murciélago al cuello, mitones de lana, con el calor que daban, y mi eterna bolsa de chucherías. Qué cuadro. Y qué nostalgia.

¡Buen día a todos!

 

 

Sudor fatal II

Ayer dejamos a la diseñadora modernilla y musa pop al borde de la histeria, sudando como un pollo y a punto de entrar a una reunión que podría cambiar el rumbo de su vida (o más bien no, pero de la otra forma suena más importante y decisivo).

En fin, que seguiremos intentándolo. Y haced caso a las etiquetas de los botes, que salvo las de los champús que no valen para una mierda, no las ponen por poner.

¡Buen día a todos!

Mientras el culo cante, ni cura, ni médico, ni practicante

¿Hay un representante más digno para el Big Culo Day que éste?

Caraculo

La palabra “culo” vale para todo: para situar geográficamente (estamos en el culo del mundo), para mandar al jefe de una vez por todas (¡a tomar por culo!); para expresar opiniones la mar de constructivas (lo ha hecho como el culo), para referir molestias (¡me estás dando por el culo!), para morirse de risa (¡me parto el culo!), para hincharse hasta reventar (nos pusimos hasta el culo). Sirve hasta para ser rematadamente feo (¡menudo culo de tío!). La sabiduría popular también está llena de culos. Como muestra, unos cuantos:

Como come el mulo, caga el culo.
Culo veo, culo quiero.
Dábale el judio pan al pato, y tentábale el culo de rato en rato.
El papel y la mujer, hasta el culo te han de ver.
Al niño y al mulo, en el culo.
Amar sin ser amado, es como limpiarse el culo sin haber cagado.
Bollo crudo, engorda el culo.
El que a reglas de educación no se sujeta, en cualquier parte de su culo hace trompeta.
El que quiera peces, que se moje el culo.
En tu casa, hasta el culo descansa.
Está visto y comprobao, que al que le dan por el culo esta gordo y colorao.
Gran constipado, culo apretado.
La española como el tordo, patas flacas y culo gordo.
La mujer que se respeta, no muestra culo ni teta.
La voz del culo, no tiene remedio ni disimulo.
Mientras el culo cante, ni cura, ni médico, ni practicante.
Quien mucho se baja, el culo enseña.
Quien no limpia el arado cuando ara, no se limpia el culo cuando caga.
Tetas, culo y pezuña, Cataluña.

Me gustaría actualizar más a menudo, pero ¡voy de culo!

¡Buen Día del Culo a todos!

Sorteo: Soporman vs. el asombrado Stupiderman

Os animo a que participéis en el sorteo de 5 ejemplares firmados (intentaremos que el autor no esté demasiado borracho) del nuevo tebeo que acabamos de publicar, Soporman vs. el asombrado Stupiderman. Por si no tenía bastante con lo suyo nuestro alelado protagonista, tiene que venir Superm, digooo, Soporman a tocar los cojones. Ahí es nada.
¡Buena suerte, y buen día a todos!

Cinco sin sacarla

Ante la próxima publicación del Cinco sin sacarla, un cómic guarreras que completará la trilogía encabezada por El Pichabrava y continuada por El Chocholoco (Editorial Cornoque) es inevitable compartir “hazañas” (por llamarlas de algún modo) sexuales en las reuniones malavideras. ¿Quién no ha compartido unos duros con un colega para comprar una revista guarra a medias? ¿Quién no se ha masturbado compartiendo lecho con su primo? ¿O en una cama pegada a la de su abuela? ¿Quién no se ha satisfecho con el Diez minutos, con el Lecturas o con el Hola? ¿Quién no ha intentado batir su propio record de pajas? Y sobre todo… ¿quién no se va de la lengua borracho?

¡Buen día a todos!

Un listo

El autobús se detuvo en una parada en la que no subió nadie. Una mujer negra, rechoncha, culona y algo patizamba, corría metros atrás taconeando con sus sandalias doradas y haciendo afectados aspavientos al conductor para que la esperase. El conductor la miró por el espejo retrovisor, cerró la puerta y arrancó ostentosamente con un burlón rechinar de ruedas cuando la mujer acababa de alcanzar la puerta del autobús. La mujer negra pronto quedó lejos, derrengada, con los brazos caídos y el bolso, también dorado, colgando de la mano.

Varias paradas más tarde, una guapa joven negra, con unas piernas de quitar el hipo, corría a duras penas detrás del autobús. La falda algo subida, los pechos bamboleantes bajo la blusa, una carpeta a rebosar de apuntes, las sandalias de tacón vertiginoso trabándose entre sí… Mientras el conductor detenía el autobús y esperaba pacientemente, con la puerta abierta, a que subiera la chica, alguien exclamó en voz alta lo que todos pensábamos: “-Joder, ¡qué listo!”

La próxima vez que esté perdiendo el autobús, en lugar de apretar a correr y acabar suplicando en la puerta sofocada, congestionada y con el sesapil por los suelos, me remangaré las perneras como si fuera a regar, a ver si luciendo pantorrilla consigo que el conductor me espere. ¡Diginidad y compostura! Que en agosto, con la frecuencia de los autobuses maños, está la cosa como para perderlos.

¡Buen día a todos!

Amigos en sepia

Una vez tuve una amiga que se pintaba la raya del ojo como la protagonista de Planet Terror. Una larguísima línea negra, que nacía en el lagrimal, recorría sus pestañas y terminaba, insultante y descarada, mucho más allá del final del ojo. Ayer, después de ver a Cherry Darling matando zombies ratatatatatá con su pierna-ametralladora ratatatatatá, sentí curiosidad por saber qué habría sido de aquella chica y si seguiría llevando todos los días esa raya negra perfilada con precisión milimétrica e infinita paciencia. A ella, como a Nerea y su exasperante bipolaridad, o a Raquel y sus maneras laxas y perezosas, o a Marta y sus jodidos sarcasmos, y a algunos más que no son más que bosquejos en mi memoria, me costó mucho dejar de llamarles amigos. Por a o por b, siendo a mi manojo de inseguridades y b mi incapacidad para decidir hasta aquí hemos llegado, ¡hostiasyá!, siempre me ha resultado mucho más dificil dejar de llamar amigos a los que ya no lo son de facto, que llamar así a quiénes realmente lo son.

¡Buen día a todos!

El qué dirán

Leyendo algunos cómics eslaisoflaif, como los de Joe Matt o Phoebe Gloeckner, que airean toda clase de intimidades, complejos, filias, fobias, y que no dejan familiar, novio, amante o amigo con cabeza, me pregunto si yo sería capaz de hacer algo parecido.

Me imagino en primer lugar, desheredada, con mi familia y amigos corriéndome a gorrazos; luego, dando explicaciones a aquel noviete fimótico que tuve; huyendo de ése otro que era levantador de pesas; y por último, en el paro, con una carta de defenestración en lugar de recomendación.

Admiro la facultad que tienen algunos autores de ignorar al resto de mundo y pasarse los convencionalismos y el qué dirán por el forro de los cojones. No sé si estos autores poseen una asombrosa capacidad de autocrítica, una falta absoluta de vergüenza, están hasta las pelotas de todo, o un poco de las tres cosas.

Gracias, Dioni, por este espectacular cuadro (más aquí) que colgaré en el salón y que, para mi orgullo, ya ha suscitado unos cuantos “qué dirán”. Se titula “No hay dos sin tres” y no sé que veréis vosotros, pero es… euh…, un bodegón.

¡Buen día a todos!

Please, please, please, let me get what I want

Era una papelería grande, de esas que se autodenominan hiperpapelerías, en contraposición a las antiguas donde lo mismo venden bolígrafos y chicles que recargan la tarjeta del autobús. Esperaban para pagar una señora muy pija y su hija. La niña, con gruesas gafas y generosos carrillos, abrazaba una mochila roja y negra de esas modernas con ruedas que se arrastran como si fueran maletas.

-¿Pero no te gusta más la de flores que es de marca? – preguntaba su madre señalando unas mochilas horteras, recargadas y espantosas.

La niña callaba obstinada.

-Pero no te das cuenta, hija, ¡de que ésa es de chico!

La niña seguía negando con la cabeza mientras su madre insistía:

-¡Vas a estar mucho más guapa con la rosa! ¡O hasta con la verde!

Figúrate, hasta con la verde.

En la cara de la niña apareció esa expresión que conozco tan bien, esa mueca de cansancio, de capitulación, de vale, lo que tú digas pero déjame. Sólo fueron unos segundos antes de que agarrase con más fuerza que antes la mochila. La señora pija puso los ojos en blanco, bufó, se quejó amargamente a la vendedora, pagó y salió de la tienda con su hija, que arrastraba, con una sonrisa de oreja a oreja, su nueva mochila de Spiderman.

¡Buen día a todos!

¡Feliz día del hijo afortunado!

El día de la madre va quedando atrás. ¿Siguen vuestras madres tan encantadoras (si es que lo fueron) como ése día o poco a poco vuelven a las andadas? Si aún siguen sedadas… ¡feliz día del hijo afortunado! Si no es así, podéis consolaros con unas viñetas de Escapada a Hawaii, una de las mejores historias de Rubia de Verano, del talentoso Adrian Tomine (Ed. La Cúpula, 9,95 €).

¡Buen día a todos!

escapada a hawai