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Perdiendo el tiempo
Viernes Slobodjianos: Una señora en mi entrepierna
- 24 noviembre //
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Otro viernes con Aaron Slobodj.
Señor con una mujer en su entrepierna + "Aquél día todo parecía salirle mal: primero la llave se quedó atascada en la puerta; después el coche se negó a arrancar; más tarde le picó una especie de escarabajo; y ahora, además aquel contratiempo."
¡Menuda contrariedad! ¡Otra señora en su entrepierna! Ya le había pasado antes, ir caminando por la calle y, de repente, verse en semejante tesitura. El magnetismo animal de Oswald no constituía ninguna ventaja sino que le proporcionaba muchos sinsabores. Por regla general, se le enganchaban mujeres regordetas y bigotudas a las que debía llevar a casa en volandas. Una vez, en una feria agropecuaria, se le pegó un ganadero de Torralba de Ribota, rudo y soez, que tuvo a bien partirle la cara al confundirle con un pervertido.
Pero esta vez el destino había querido que Oswald tropezase con una señorita de largas piernas que no oprimía sus genitales ni olía a vieja rancia. ¿Habría encontrado el verdadero amor? ¿Qué opinaría Myra de todo esto?
¡Buen fin de semana!
El último muermo de Aaron Slobodj
- 10 noviembre //
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La de veces que habré intentado leer o, al menos, mirar durante rato "La última obra maestra de Aaron Slobodj" de José Carlos Fernandes. Y no hay manera. Tal vez algunos no hayáis oído nunca hablar de este ¿cómic? experimental. Mejor para vosotros. Son los 15 euros peor invertidos de la vida de quien me lo regaló.
La premisa (ficticia) es extraña y un poco aburrida: un artista llamado Aaron Slobodj envía a distintas personas anónimas ilustraciones o frases sin ton ni son. Después de semejante heroicidad artística, el hombre se suicida. No es para menos. La policía recopila dichos textos e imágenes; y, según el prólogo, este fardo de cosas inconexas es lo que ahora se publica con el nombre de "La última obra maestra de Aaron Slobodj". Al no poder establecer la relación entre imágenes y textos se decide publicar todo a cascoporro. El cómic es, por tanto, un cuadernillo de espiral con dos filas independientes de hojas. Arriba, ilustraciones, y abajo, frases. La diversión (creo) consiste en poder poner a la misma ilustración distintos textos. Ved mis dos intentos (pulsar para ampliar las imágenes)
Primer intento: Tractorista + "Ahora tenía la certeza de que Myra traicionaría a Oswald en la noche de las estrellas fugaces…" Encontramos a Belidoro, natural de Las Parras de Castellote y de profesión hombredepueblo, arando sus tierras a pleno sol. De repente, cuando lleva medio campo, ¡palmetazo en la frente!, tiene la certeza de que Myra traicionará a Oswald en la noche de las estrellas fugaces. Y ¡por si eso fuera poco!, le mentirá sobre "cómo se hizo aquella extraña quemadura en el brazo". ¿Y por qué tantas mentiras? ¿Qué hará el bueno de Belidoro ante semejante revelación? ¿Quién va a creer a este nostradamus rural?
Esta historia de líos burgueses incineratorios es una mierda, a ver si con otra frase al azar le encontramos a Belidoro la trepidante aventura que se merece…
Segundo intento. Tractorista + "¿Cuántos husos horarios existen en la Unión Soviética? El tempo transcurría rápidamente… Tenía que recordarlo, su vida dependía de eso." Ay Belidoro, el jamesbond agropecuario, haciendo tratos con la mafia rusa. Y ahí lo tenemos, huyendo en un tractor desbocado, campo a través, con los rusos pisándole los talones. Y todo por no acordarse de los puñeteros husos horarios. ¡Joder! (palmetazo en la frente).
Una historia mucho mejor, ¡dónde vamos a parar!
Debo de ser muy cerril, porque ni me convencen, ni entiendo estos experimentos narrativos… Si hay alguien a quien le guste, me encantaría saber por qué.
De momento, seguiré usándolo para inventar historias bizarras y os martirizaré más a menudo, andaquenó.
¡Buen día a todos!
Cómo me he vuelto estúpido
- 5 octubre //
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Camino del trabajo tengo que ir sorteando ejecutivos agresivos y empresarios trajeados, orgullo de madres y abuelas, que parecen encantados de haberse conocido.
Cómo me he vuelto estúpido (Nikola Witko y Martin Page) cuenta la historia de Antonio, un tipo inteligente pero infeliz, que piensa demasiado y que cree ahí está la clave de su infelicidad. Intentará dejar de pensar de todas las formas posibles. Lo que ignora es que al conseguirlo podría convertirse en una persona normal, obtener un gran trabajo y ser socialmente aceptado, pero también volverse idiota.
Una humilde reflexión sobre el borreguismo, la individualidad, lo cómodo que resulta el carrusel social y la necesidad de tomarse la vida con calma. El guión flojea en algunos momentos y los personajes secundarios son meros esbozos. La evolución del protagonista a lo largo de la historia no se desarrolla con naturalidad sino a bruscos saltos, quizá porque el cómic es la adaptación de una novela (Comment je suis devenu stupide, de Martin Page). A pesar de la irregularidad narrativa la historia engancha y es entretenida. El dibujo, no encantará a los amantes del preciosismo, pero resulta agradable y comprensible.
"Estoy pensando en montar una escuela… para enseñar a la gente a que se la sude… a no hacer más que lo que les guste… pero no demasiado rápido"
Para menesteres mingitorios, es una gran adquisición. No es un análisis sociológico de los de pegarse un tiro, pero tampoco una etiqueta de lactovit.
Y además, después de leerlo, muchos estaremos encantados de habernos conocido y más encantados todavía de no conocer a ningún ejecutivo agresivo.
Defecalificación:
Joe Sacco y su afán de protagonismo
- 20 septiembre //
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Sólo he leído un cómic de Joe Sacco, Palestina, interesada más por el tema que por el autor. Sacco es periodista, guionista y dibujante de cómics. Intenta aunar la crónica periodística y el lenguaje gráfico de los cómics. Ha recibido varios premios por sus novelas gráficas, entre ellos el American Book Awards en 1996, precisamente por Palestina. Para escribir este cómic convivió durante dos meses entre israelíes y palestinos intentando desentrañar el complejo conflicto entre las dos naciones. Hay que reconocerle el mérito a su labor de investigación, aunque no sea precisamente un ejercicio de objetividad. Esperaba algo más parecido a un reportaje periodístico, quizá menos afectado y personal. En definitiva, menos autobiográfico. Me saturó ese aire egocentrista teñido de objetividad que desprende el cómic. Tampoco ayuda que Sacco aparezca prácticamente en todas las viñetas; incluso en las que no pinta nada. A pesar de que el tema es controvertido e interesante, la narración llega a hacerse algo pesada.
No me agradan las personas con desmesurado afán de protagonismo, ni los que pretenden figurar o destacar a toda costa. Tampoco me divierten los graciosetes de medio pelo que buscan el favor del tendido mofándose de otros. Y con la de gente así que hay suelta… como para pagar por leerles. Con la mala leche que gasto.
Cuidado que hoy muerdo.
Shutterbug Follies ¡menuda metomentodo!
- 12 septiembre //
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Cuando llegas a casa después de un día de mierda, lo mejor no es tomarse un capuchino con el italiano dentudo del anuncio, no. Lo mejor es leer algo inane, superficial y, si puede ser, divertido.
Aquel día abrí con poquitas ganas Shutterbug Follies, de Jason Little. Mi objetivo era distraerme y tengo el listón muy alto, tan alto, que ni el mono trepalistones de Frank Cho llega. Como digo, empecé a leer con pocas ganas y la cabeza más en otro sitio que en el cómic. Pero, desde la portada, Jason Little nos presenta tan maravilloso despliegue de color, que resulta imposible atender a otra cosa. La historia también engancha; es entretenida, palomitera y sin pretensiones. No se desvelan los enigmas del universo, ni hay dramas personales de los que encogen el alma.
Bee es una fotógrafa aficionada, pelirroja y gafapasta, un tanto culona, que trabaja en la máquina de revelado de una tienda de fotografía. Entre sus aficiones está el cotilleo desmedido, que le lleva a coleccionar fotos personales de sus clientes. Una discreción y profesionalidad tremendas las de esa tienda. Dios, aparte de un amplio trasero y una capacidad de cotilleo que ni anarrosa, le ha otorgado una curiosidad insaciable. Sí, Bee es una tía metiche. Y si además aparece un misterioso fotógrafo armenio que fotografía cadáveres fresquísimos… para qué queremos más. Bee sospecha que el armenio no es trigo limpio y, bueno… ¿quién diría que con semejantes muslos se puede ser tan ágil?
Superficial, entretenido, bonito y agradable. Esta joyita me alegró el día y le doy cuatro váteres, porque además es manejable para los menesteres evacuatorios.
Shutterbug Follies, de Jason Little (Ed. Planeta de Agostini, 13,95 €)
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Puente surrealista: Dave Cooper y Beto Hernández
- 16 agosto //
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¿Qué pueden tener en común estos dos autores? ¡Ganas de fastidiarme el puente!
Ayer por la mañana, me leí lo que pensaba que iba a ser un cómic amable, de dibujo agradable, "majico": el pequeño tomito de Dave Cooper titulado Succión: El status de Basil. No sé si estaba con el día tonto o qué, pero no entendí ni jota. Un surrealismo medio futurista, medio vegetal, barros y lodos mediante, que me dejó petrificada en mi trono de loza. Creo que me gustó, pero no estoy muy segura. Es la historia de un inmaculado e inocente muchacho, sin maldad, que va a la ciudad y descubre la ruindad de sus semejantes. Creo. Paco Martínez Soria nos lo puso más fácil en La ciudad no es para mí. Directo a la pila de las relecturas.
Más tarde me atreví con Grip: El extraño mundo de los hombres, de Beto Hernández. ¿El extraño mundo de los hombres? Más bien: "el extraño mundo" y punto pelota. ¿Pero esto qué es? Pieles que hablan, tipos sin piel, niñas que guardan las dichosas pieles en la mochila, dioses que van y vienen, gente amnésica, enanas tetonas, mafias… ¡Basta ya! ¡Que una viene de leer Los Muertos Vivientes y no está preparada para semejantes historias! De momento, ahí se queda, a ver si otro día…
Como era previsible, entre el surrealismo comiquil y el bebercio nocturno, hoy me espera un largo miércoles de resaca. Ugh.
¡Buen día a todos!
AAAAAAAAAAAAAAAAH
- 1 agosto //
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Ese alarido es prácticamente lo único que sale de la boca de Gregory, un niño embutido en una camisa de fuerza, que vive en un manicomio de los de antes, con rejas en las ventanas, humedades e insectos repugnantes. Este niño psicótico irrecuperable disfruta encerrado, corriendo eufórico en círculos, gritando ¡¡YO GREGORY!!, esperando a que abran la puerta por el mero placer de escuchar ruido, y comiendo los bichos que pasean por su celda. Herman Vermin, la rata, decenas veces muerta y resucitada, y el ratón Wendell, le hacen compañía, aunque a Gregory, sus sueños y sus extrañas conexiones mentales le bastan para entretenerse. Tres personajes entrañables y unas historias desasosegantes, que al principio causan extrañeza, luego interés y finalmente hacen gracia.
Gregory, por Marc Hempel. Planeta deAgostini. PVP:7,95 Euros
Un cómic no recomendable para gente de esfínter tímido. Marc Hempel es un genio desquiciando a sus personajes y a sus lectores. Es probable que a mitad del cómic, vuestros nervios os obliguen a leer la etiqueta del timotei.
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Cagando en la mansión de los Pampín
- 25 julio //
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La mansión de los Pampín (Miguelanxo Prado) es un cómic perfecto para leer en el baño. Tiene una duración correcta, un peso adecuado, papel resistente y tapa a prueba de gotas. Además, el costumbrismo de clase media quieroynopuedo es mucho más divertido que las etiquetas del gel de baño o del champú.
El bueno de Indalecio Pampín y la inaguantable Concha son un matrimonio convencional de los de antes, cuya vida está a punto de cambiar al heredar, de su tía Isolina, ni más ni menos que la mansión de los Pampín. A partir de ese momento, en un ir y venir de sucesos fortuitos o no tanto, los Pampín se las tendrán que ver con las absurdas e incomprensibles normas de urbanismo y con la esperpéntica situación inmobiliaria actual, para alcanzar sus aspiraciones de clase.
Una crítica amable a la situación urbanística en España y un retrato genial de la familia española de clase media.
Una historia muy entretenida que gustará incluso a quienes no leen cómics habitualmente.
Le doy cuatro váteres, porque el tamaño del álbum no es del todo manejable para según qué menesteres.
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Todo lo guarra que (ella) quiere ser
- 18 julio //
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¿No me digas que nunca te has masturbado con un pepino verrugoso? ¿O que no has tocado el pito de un perro? ¿O que estando borracha no te has tirado a un tipo enano y bizco que has conocido por un anuncio de contactos? ¿Y tampoco has arrojado a este pobre enano de un coche en marcha?
Este es el tipo de cosas que hace Midge, una soez cuarentona de carnes flácidas y tetas caídas, adicta a los pepinos de buen calibre, en Todo lo guarra que (ella) quiere ser. Roberta Gregory pone todo su empeño en desenmascarar la falta de comunicación y la hipocresía de la sociedad por medio de Midge, siempre constreñida por normas sociales, que ni hace ni dice lo que realmente piensa. Un poco como todos, vaya.
Por mi parte, aprovechando la coyuntura hipócrita social, voy a comerme unos cuantos cruasanes, que me encanta que las buenas gentes que me rodean digan lo de "pero Iru, ¿dónde lo metes?, si estás delgadíiiiisima". Y ya sabemos, ellos y yo, dónde meto los puñeteros cruasanes.
¡Buen día a todos!
Mi vecino el Superhéroe
- 17 julio //
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¿Pueden ser amigos un descuidado superhéroe cachas y un cabal estudiante de oposiciones?
¡Qué remedio le queda al bueno de José Ramón! Desde el
momento en que descubre que su vecino es Titán, un superhéroe por accidente, su tranquila vida estudiantil cambia drásticamente. El convencional opositor tendrá que: ayudar a su vecino a deshacer líos sentimentales, caminar por cornisas, ponerse un traje superheroico que le sienta como un tiro, codearse con supervillanos que parecen salidos de muzzy… ¡Lo que sea por los amigos!
Mi vecino no es que tenga precisamente tipín de superhéroe, más bien es calvete, algo achaparrao y de abdomen amplio. Pero quién sabe si algún día da la campanada y sale volando a luchar contra los villanos del cuarto, que no paran de tirar mierda en mi terraza, o le da una buena tunda al instalador de la antena, que ha venido cincuenta veces y la tele se ve día sí día no. La cosa es que, o se lía a mamporros él, o me lío yo…
Eeeeeeh, en fin, un cómic muy recomendable de Santiago García (guión) y Pepo Pérez (dibujo y color) publicado en tapa dura por Astiberri al precio de 14 euros (ouch).